YNHVA Nº5: A dos años de la revuelta: un esbozo de balance y perspectivas para el debate colectivo

Este número de “Ya no hay vuelta atrás”, sintetiza algunas ideas y perspectivas que hemos elaborado colectivamente en base a nuestras propias discusiones, como las desarrolladas con otr@s compañer@s, tanto de manera informal, como formal. Tal y como lo indica el título, se trata de un “esbozo”, es decir, un “borrador”, por tanto, de un texto de carácter “provisorio” y “abierto”, destinado a ser leído, debatido, nutrido y criticado de manera compañera por el entorno antagonista.

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A dos años de la revuelta: un esbozo de balance y perspectivas para el debate colectivo

Este número de “Ya no hay vuelta atrás”, sintetiza algunas ideas y perspectivas que hemos elaborado colectivamente en base a nuestras propias discusiones, como las desarrolladas con otr@s compañer@s, tanto de manera informal, como formal. Tal y como lo indica el título, se trata de un “esbozo”, es decir, un “borrador”, por tanto, de un texto de carácter “provisorio” y “abierto”, destinado a ser leído, debatido, nutrido y criticado de manera compañera por el entorno antagonista.

 

I

El capitalismo en su actual etapa de desarrollo transita por una crisis de alcance mundial que no puede ser superada dentro de los márgenes del sistema mismo. El capital es una contradicción en proceso, ya que tiende, mediante la competencia entre productores privados, a reducir al mínimo el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir mercancías, mediante la aplicación de nuevas tecnologías, que paradójicamente requieren de cada vez menos mano de obra –seres humanos– en el proceso de producción: el problema radica en que solo el trabajo vivo realizado por la humanidad crea valor. De esta manera se mina la base sobre la cual se desarrolla la autovalorización del capital, aumentando vertiginosamente una masa cada vez mayor de personas que “sobran”, son “superfluas” y “no sirven” para las necesidades del capital, pero que continúan necesitando dinero para no morir. Por si esto fuera poco, la lógica irracional propia del capital, también socaba las bases materiales de la vida en el planeta, devastando la tierra, es su loca carrera de generar más dinero a partir del dinero[1], poniendo en riesgo a la propia especie humana y provocando daños ecológicos, en muchos casos ya irreversibles: el cambio climático es su consecuencia más evidente, pero no la única.

Además, esta forma alienada de relación social, también tiene repercusiones directas en el desarrollo psíquico de los individuos, ya que detona una crisis de carácter antropológico que colapsa a los sujetos. El narcisismo se transforma en la “norma” dominante de la personalidad, lo que atrofia cualquier capacidad de empatía, solidaridad y apoyo mutuo: la enemistad, la manipulación, el acoso, la violencia ciega y el egoísmo se imponen ya que son coherentes con la competencia despiadada promovida por el capital y solo consolidan la sensación de impotencia. Las personas además se hunden en un pesimismo inmovilizador que genera una pérdida de la reflexión crítica, que hace impensable imaginar en común otra manera de autoorganizar la sociedad y satisfacer sin mediaciones mercantiles las necesidades de la humanidad: de aquí proviene aquella idea que afirma que en nuestra época es más verosímil pensar en el fin del mundo, que en el fin del capitalismo. El miedo al fracaso está siempre a la vuelta de la esquina en la sociedad mercantil generalizada: las tasas de suicidio siempre en constante aumento, y la adicción generalizada a distintos tipos de drogas y fármacos, son una salida desesperada a la insoportable realidad que nos aplasta cotidianamente. Continue reading