Libro Evade Chile «Reporte de una insurrección»

Compañerxs

Una época llega a su fin. Romper juntos las cadenas de la competencia y el miedo del viejo mundo fue una fiesta donde no hizo falta ni líderes, ni representantes, ni vanguardias, ni partidos para que cada cual encontrara su lugar y supiera lo que quería dar. Nuestras capacidades de acción e intervención en la realidad eran tan amplias como nuestra imaginación. Y se multiplicaban a medida que nos dejábamos empapar más y más en las aguas de la revuelta. Esa experiencia aún alienta en nuestros corazones. Como se dice en estas tierras: “lo comido y lo bailado no lo quita nadie”. La estrella de la vida es nuestra. Continue reading «Libro Evade Chile «Reporte de una insurrección»»

Ya no hay vuelta atras N° especial: La democracia es el orden del Capital: apuntes contra la trampa constituyente

 

Ya no hay vuelta atrás N° especial:

La democracia es el orden del Capital: apuntes contra la trampa constituyente

Frente a un nuevo ciclo de eventos electorales que se abre con el plebiscito del “Apruebo” y “Rechazo”, destinado explícitamente a conducir por los cauces institucionales todas las energías subversivas desplegadas intensamente desde el 18 de octubre de 2019, presentamos este material para contribuir a una crítica de la democracia como sistema político inherente a una forma de organización social basada en la explotación y la dominación. Particularmente, pretendemos aportar a la evaluación crítica de procesos promovidos por la clase capitalista como lo son los reacomodos constitucionales, que dejan intactas las categorías básicas y fundamentales de la sociedad del capital (tal es su objetivo), categorías contra las cuales, instintiva y conscientemente, se alzan las reivindicaciones y críticas prácticas de nuestra clase cuando estalla en revueltas de la magnitud que presenciamos (y que protagonizamos como proletarixs inmersos en las experiencias de lucha) hace unos meses, antes de que se desatara la crisis –y dictadura- sanitaria por la pandemia de coronavirus, y que hoy vuelve a demostrar que no está sepultada ni completamente domesticada. Trabajo, dinero, capital, Estado, propiedad privada, mercancía… son conceptos que no son letra muerta en alguna carta magna, sino elementos que organizan nuestra sociedad y su miseria.  Presentamos una revisión teórica e histórica de procesos similares al que estamos observando hoy, extractando aportes pasados relevantes y también considerando casos recientes en otros países.  Alentamos la lectura, discusión, crítica y difusión.

Vamos hacia la vida

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Por qué NO votamos

El ritual por excelencia de la democracia son las elecciones. El día en que se llevan cabo, una variedad de derechos quedan suspendidos mientras que al mismo tiempo los recintos de votación son resguardados por fuerzas militares y policiales. Este aparente contraste entre el acto más democrático de todos ocurriendo bajo vigilantes fusiles y libertades restringidas, no es sin embargo más que una de las más claras evidencias del inmanente carácter despótico del Estado y la sociedad organizada en torno a la acumulación capitalista.

“Esta vez sí será diferente”. “Ahora tenemos mucho en juego”. Todo proceso electoral es majaderamente promocionado como trascendental. Sin embargo, el plebiscito pactado para este 25 de octubre es quizás el evento que más se ha vendido en años bajo esta premisa. “Una oportunidad histórica que no podemos dejar pasar”, o “la batalla por la que pelearon nuestros padres y abuelos”, nos dice el progresismo/izquierdismo. “Debemos terminar con la herencia de Pinochet”. Y así, otra vez, la figura del sanguinario dictador se utiliza para conjurar la crítica radical y total contra la sociedad del Capital. Si durante la dictadura militar la crítica al capitalismo se escamoteó ante las peticiones democráticas de partidos que incluían también a sectores golpistas, si el “mal” fue personificado en Pinochet y la vuelta a la democracia fue impuesta como la meta a alcanzar, desactivando con ello el motor de las extensas jornadas de protestas y las organizaciones de base que brotaban en las poblaciones, hoy el repugnante asesino le vuelve a prestar sus servicios a la izquierda del capital para convertirse en el “símbolo” a derrotar. En el caso de que incluso se asuma que nada positivo para nosotrxs está garantizado luego de votar, al menos “el pueblo obtendrá un triunfo simbólico”, nos cuentan. Es decir, otra derrota disfrazada de victoria, otra vez la alegría que no llegará.

El 18 de octubre de 2019 una explosión de rabia lúcidamente dirigida contra las estructuras del Capital y sus esbirros sacudió todo el país. La revuelta se nutría de una generalizada toma de consciencia de la imposibilidad de un presente y futuro que valga la pena vivir, de seguir las mismas condiciones que nos han arrastrado hasta estos días. Un amplio espectro de nuestra clase, principalmente el proletariado juvenil, ya no se tragaría más la publicidad del sistema. Más allá de los delirios del facherío recalcitrante, tras la revuelta de octubre, que se extendió a cada rincón de este territorio dominado por el Estado chileno, no había ninguna organización ni partido político que la dirigiese. Era una rebelión espontánea pero no por ello menos clara ni coordinada. La autoorganización tomaba el protagonismo. Ningún aparato político lograba encauzar el ímpetu rebelde de aquellas jornadas. Tras años de ciclos de protestas y debate crítico/teórico en torno a ellos, el germen de la revuelta lograba esta vez expandirse.

Nada detenía la creciente conflictividad, expresada en la masividad de las manifestaciones callejeras y la intensidad de los enfrentamientos con los aparatos represivos policiales y militares. El toque de queda tempranamente decretado para intentar frenar por la fuerza la explosión proletaria no fue respetado en ningún lado. Las propuestas miserables del gobierno para intentar aplacar la rabia generalizada no hacían más que añadir combustible al incendio. En contrapartida, la represión mutilaba y cegaba a nuestrxs compañerxs, asesinaba a decenas de lxs nuestrxs, mientras millares eran detenidxs brutalmente, expuestxs a vejaciones y torturas sistemáticas. La izquierda oficial no podía dirigir nada, ni mostraba mayor intención de hacerlo. Más bien, como se evidenció luego, su apuesta era contener el estallido, asustada también frente a la diversidad de experiencias en que nuestra clase expresaba su ira y sus reivindicaciones. Las burocracias sindicales, como era de esperar, en su gran mayoría se mostraron también reticentes a la acción, y se limitaron a vociferar tímidas demandas y unos cuantos eslóganes carentes de contenido. La derecha política, obviamente, pedía a gritos el derramamiento de sangre, pero su legitimidad se desplomaba exponencialmente con el transcurso de los días.

El día 12 de noviembre, organizaciones sindicales y gremiales asociadas a la izquierda tradicional, agrupadas en la amorfa entidad llamada “Unidad Social”, se vieron forzadas a convocar una jornada de huelga general que, si bien la mayoría de los sindicatos no secundó oficialmente, sí fue de facto exitosa, pues el nivel de masividad y conflictividad en las calles no permitió que ese fuera un día laboral normal. Ni aquel, ni los inmediatamente siguientes. Es así como, durante la madrugada del 15 de noviembre, la casi totalidad de los partidos políticos con representación parlamentaria firman entre cuatro paredes el llamado “Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución”, que salvaba al gobierno y con ello también al congreso. Es decir, el histórico Partido del Orden jugaba una de sus últimas fichas. Durante la mañana siguiente, algunxs despistadxs celebraron como un triunfo aquel pacto pacificador. El pueblo, suponían, obligaba a la clase política a dar una respuesta concreta: se hacía posible cambiar la constitución, la demanda con que la izquierda del capital pretendía desde hace años hacer proselitismo y obtener réditos electorales, y objetivo declarado de organizaciones ciudadanistas.

Transcurridas solo horas del mentado pacto, Abel Acuña, joven de 29 años, caía muerto en Plaza Dignidad mientras era parte de las manifestaciones, víctima de un paro cardiorrespiratorio agudizado por los gases tóxicos de la policía, mientras el carro lanzaguas apuntaba su chorro directamente a la ambulancia que lo atendía, bajo incesantes descargas de bombas lacrimógenas y perdigones que incluso hirieron al personal de salud que lo intentaba reanimar. Desde su misma concepción, el pacto de pacificación venía manchado con sangre. Con todo, estuvo muy lejos de calmar los ánimos. Pero era una jugada a largo plazo, pensada en encorsetar toda la intensidad desplegada durante aquellas semanas dentro de los márgenes de las campañas electorales, en transformar las nacientes organizaciones de base, las Asambleas Territoriales, en plataformas para las elecciones. La parafernalia democrática debía secuestrar y contener, como explícitamente lo afirmaron diversos voceros del partido del orden, de izquierda a derecha, la tendencia rupturista que tendía a la revuelta en una naciente revolución.

El objetivo fundamental del proceso constituyente que se abre con el plebiscito y sus opciones por el “apruebo” o “rechazo” es eliminar la amenaza del cuestionamiento concreto, profundo y radical, de las relaciones capitalistas como tales y las instituciones que las protegen, lo que equivale a poner en riesgo la legitimidad misma de la política burguesa y sus casi indiferenciables juglares, partidos y alianzas.

Si bien a los pocos días de iniciada la explosiva revuelta, la demanda de una Asamblea Constituyente que diera paso a una nueva constitución fue acogida con simpatía dentro de buena parte del movimiento, puesto que aún no se había superado el sentido común propio de la ideología dominante, que ve en el Estado un organismo neutral y capaz de llegar a representar los intereses populares, ni siquiera este anhelo ingenuo era tomado en consideración en la fabricación del acuerdo cocinado por las cúpulas de los partidos políticos. Una serie de trabas burocráticas hacen desde un principio absurdas las promesas de cambios efectivos profundos tras el proceso constituyente. De partida, no se conformará una asamblea constituyente como tal, sino que, a lo más, se da la opción para votar por una “convención constitucional” que falazmente es presentada por los aparatos políticos de izquierda cómplices del acuerdo como el equivalente de ésta. Por otro lado, persisten una serie de mecanismos que hacen que los sectores más conservadores puedan controlar lo que finalmente se escriba en la eventual nueva constitución, gracias al famoso quórum de los 2/3. Por si fuera poco, el sistema electoral no sufrirá variación, lo que significa que seguirán siendo los desprestigiados partidos políticos los que finalmente impondrán sus candidatos y, por tanto, las ya fútiles esperanzas puestas en ser protagonistas o siquiera escuchadxs en esos espacios de la política burguesa se enfrentan de entrada con un muro infranqueable.

“Pero puede ser un avance”, nos replican. No hay que dejar de “dar la pelea”. ¿Un avance hacia dónde? Este tipo de razonamientos dejan intencionalmente fuera la verdad de que estos procesos están diseñados para hacer impotentes nuestros esfuerzos y luchas. Si la única respuesta o “conquista”, como insisten en llamarle algunxs, obtenida de parte del poder luego de la imponente revuelta iniciada en octubre, fue este plebiscito y propuesta de reforma constitucional, mientras nos reprimían de la forma más brutal ¿qué más debemos esperar?

Los partidos que se ufanan de haber logrado la vuelta a la democracia, de haber derrotado al tirano “con un lápiz y un papel”, que por 30 años usufructuaron del modelo diseñado en dictadura, hoy nos invitan a cercenar nuestro movimiento y volverlo en contra nuestra, bajo la promesa de una nueva constitución que actualice la economía capitalista y les otorgue una renovada legitimidad.

No es tan solo que este proceso constituyente sea insuficiente, sino que es un mecanismo histórico para desarticularnos, para subordinar toda actividad autónoma a los intereses de la política electoral: para transformarnos en masa manipulable y negociable a la que recurrir para, en el mejor de los casos, meter presión por un par de leyes moderadas y artículos constitucionales altisonantes, a costa de la pérdida de autonomía y horizontes propios.

Ya su papel se evidencia hoy en los organismos que el propio movimiento gestó durante su revolución: las asambleas. Todos los necesarios y urgentes debates quedan nublados por la agenda electorera, y los partidos ya comienzan a fracturar todas las experiencias, aislando a quienes cuestionan la vía institucional desmovilizadora o muestran iniciativa propia, ofreciendo candidaturas y cargos tras bambalinas, sembrando con ello la desconfianza y reduciendo las instancias a meros aparatos propagandísticos de tal o cual campaña.

El último recurso ante el derrumbe de todo argumento medianamente racional para justificar el acarreo a las urnas es el del moralismo culpabilizante: “votaré porque el pueblo va a votar y yo estaré con él”, “voto porque la señora de la pobla dice que va a votar”. Cuando esto lo afirman los funcionarios frenteamplistas, no es más que una mentira. Ellxs quieren que votemos porque lo que les interesa es el mantenimiento de este orden social tal como está, sin mayores modificaciones. Cuando lo dicen personas más cercanas, que sostienen algún tipo de anticapitalismo, parece solo una excusa. “La señora de la pobla” se transforma en una figura mítica a la que apelar moralmente. Pero esas señoras de la pobla son nuestras madres, tías, abuelas y vecinas con quienes compartimos espacios y experiencias, y a quienes no escondemos nuestras posiciones ni tratamos de manipular condescendientemente.

Ya llevamos siglos de derrotas acumuladas siguiendo el mismo guión. La respuesta del partido del orden frente al estallido ha sido de manual: represión, encuadramiento, desmembramiento y más represión.

Más de 2.500 mil personas, según informaron organismos de DD.HH., estuvieron en algún momento encerradas en las prisiones de diferentes ciudades a lo largo del país por haber sido partícipes de la revuelta. Hoy siguen siendo centenares. El cobarde pacto firmado el 15 de noviembre del año pasado ni siquiera tuvo la mínima decencia de poner como condición su liberación y un cese del actuar criminal de los aparatos represivos del Estado. Por el contrario, cada semana caen más compañerxs, mientras un manto de impunidad protege a los esbirros.

La función fundamental de todo Estado es proteger los intereses de la clase dominante, de aquella que vive gracias a la explotación de las demás. Toda modificación dentro del Estado es entonces nada más que un reacomodo en las formas en que se lleva a cabo la dominación social. Pero para subsistir y justificarse, el aparato estatal debe presentarse a sí mismo como una entidad neutral encargada de regular la sociedad, de amortiguar los conflictos que surgen dentro de ella para evitar el colapso y el caos. Debe convencernos de que no es posible vivir si no es mediante él.

Hay sectores que realmente aspiran a una gestión más “social” del capitalismo. Para ellos, efectivamente una nueva constitución puede significar un avance o incluso un triunfo en sí mismo, puesto que su triunfo es contenernos. Pero nosotrxs ya no podemos seguir aplazando nuestras necesidades vitales. Debemos develar los mecanismos de encuadramiento de la institucionalidad capitalista, presentados por todo el abanico de partidos de izquierda y derecha que la sostienen. Debemos criticarlos y atacarlos. Debemos defender la autonomía de nuestra clase frente a toda intervención politiquera, frente a toda intención de interpretarnos con el lenguaje propio del poder.

El “Apruebo” y el “Rechazo” no son más que opciones de la casta política para dejar todo igual.

Nuestra apuesta es la autonomía, la acción directa, la construcción de comunidades de lucha genuinas y opuestas a las instituciones de la clase dominante, sus partidos y sus lacayos. Por eso no votamos, porque más allá del voto mismo, de la mitificada raya en el papel, el proceso constituyente en sí es la carta de quienes no quieren perder su poder, de quienes viven a nuestra costa, de quienes se aterran al vernos actuar y pensar por cuenta propia, criticando la miseria capitalista desde sus mismos cimientos.

Vamos Hacia la Vida

Memoria y solidaridad contra la impunidad

El día viernes 2 de octubre, carabineros de Control de Orden Público –policía política del régimen actual- lanzó a un adolescente desde el puente Pio Nono, causándole lesiones de gravedad en diversas partes del cuerpo. Este hecho se enmarca en una serie de acciones represivas de carácter criminal que desde el estallido de la revuelta toda la población ha podido constatar. No se trata de las criminales acciones de funcionarios particulares, sino que se trata de la institución en su conjunto. Carabineros de Chile, al igual que el ejército, son instituciones cuyo propósito es la defensa armada del orden capitalista. Son instituciones que no tienen ninguna reforma posible, puesto que su esencia es la defensa violenta de los intereses de la clase dominante. Por consiguiente, no basta con exigir la renuncia de sus líderes más visibles: es necesario abolir la institución como tal.

Lanzar a un adolescente de 16 años desde un puente no tiene NINGUNA otra justificación que perpetuar mediante el terror el orden actual. A dos semanas del plebiscito pactado por la casta político-empresarial para salvar al gobierno de Piñera, este orden -como si faltaran más evidencias- se muestra nuevamente como lo que realmente es: la dictadura democrática del capitalismo. Independientemente de la victoria previsible de la opción “Apruebo” vendrá un gobierno tanto o más criminal, que se dedicará a terminar la obra represiva del régimen actual y sentar las bases para perpetuar el sistema con un Estado terrorista reforzado a través de acciones como las de ayer y, además, con la persecución y encarcelamiento de l@s opositor@s a este sistema criminal.

Justicia, tanto para este caso como para tod@s aquell@s que fueron asesinad@s o mutilad@s desde octubre, significa la abolición práctica de las condiciones materiales e históricas que le otorgan a un@s seres human@s el poder sobre la vida de tod@s l@s demás.

¡L@s policías son sicari@s armad@s del capitalismo!
¡Abolición de la policía!
¡Libertad a tod@s los pres@s polític@s!
¡Ni pactos, ni plebiscitos con nuestr@s asesin@s y explotador@s!
¡Revolución social!

Vamos hacia la vida

Libertad a tod@s l@s pres@s de la revuelta, mapuche y revolucionari@s

En el actual escenario nuevamente vemos como la clase dominante se cuadra de izquierda a derecha para involucrarnos en el tan publicitado “Proceso Constituyente”, salvaguardando la democracia, siempre al servicio del Capital, utilizando viejas fórmulas acomodadas a los nuevos tiempos, decantando en las urnas el potencial de transformación social del proletariado y manteniendo la ilusión de que cambiando la Constitución por medio de un pacto interclasista se podrá gestionar el capitalismo con un carácter “más humano”. Mientras paralelamente se aplican una serie de medidas y leyes represivas que buscan mantener a raya a l@s disidentes que no se tragan sus mentiras: la revuelta en la región chilena llegó a tener a 2.500 compañer@s privad@s de libertad, y aunque much@s han vuelto a las calles, algun@s aún se encuentran a la espera de juicio y otr@s ya han sido sentenciad@s a duras condenas. Y esta es la verdadera cara de la democracia que quieren ocultar.

No basta con reconocer la realidad inhumana de la prisión como lo hacen l@s progresistas e intelectuales de la burguesía, hay que posicionarse sin medias tintas. El movimiento que lucha contra el orden del Estado capitalista debe sembrar una perspectiva abiertamente anticarcelaria, porque las cárceles son más que barrotes y muros: son la consecuencia social de las relaciones de dominación de las leyes de la economía que se imponen ante las necesidades humanas.

Uno de los aprendizajes que nos dejó la primavera del 2019 fue precisamente que la lucha por la libertad de l@s pres@s no se separa, ni es ajena, a los combates sociales que damos como clase.

¡POR LA DESTRUCCIÓN DE LAS CÁRCELES, EL ESTADO Y EL CAPITAL!
¡VAMOS HACIA LA VIDA!

Virus, el mundo de hoy (Gilles Dauvé, septiembre 2020)

Nota introductoria VHLV: Lo que difundimos a continuación, corresponde a la traducción que realizamos de un texto de Gilles Dauvé publicado el 22 de septiembre de 2020 en el blog DDT21 (ddt21.noblogs.org). El autor ha participado en proyectos como la librería La Vieille Taupe durante los años 60 en Francia, en publicaciones como La Guerre Sociale en los 70 (aunque termina rompiendo con esta), La Banquise y Le Brise-glace en los años 80, Troploin desde fines de los años 90 y más recientemente ha publicado sus escritos en el blog al que hacemos mención. Los grupos en que ha participado forman parte de la corriente comunizadora surgida a mitad de los 70, como una respuesta a las derrotas proletarias de ese entonces y la necesidad de repensar los procesos revolucionarios, definiendo como cuestiones centrales del cambio radical en las relaciones sociales, la superación del trabajo asalariado, el Estado, el productivismo, junto con todos los modos de vivir cotidianos que implica la reproducción de la sociedad del capital.

Así, el texto que presentamos explora desde esa perspectiva la proliferación del coronavirus a nivel global desde principios del 2020. Pero las raíces del fenómeno del covid-19 y sus efectos en la dominación capitalista y/o luchas o revueltas proletarias, no se pueden abordar desde su aspecto cuantitativo o reformista (ya sea abogando por un capitalismo verde o un mayor “Estado social”). Las causas profundas son sociales y medioambientales y tienen relación directa con la realización material de la utopía capitalista del “progreso”, por lo tanto su profundización en intensidad y extensión, su evolución normal en el futuro, sólo puede amplificar incesantemente la destructividad sobre la biosfera terrestre y por ello también del habitad humano. El Coronavirus y su tratamiento estatal es expresión de esta contradicción interna irresoluble, a la cual las clases dominantes no pueden responder más que con las mismas lógicas mercantiles, colocando la economía por sobre nuestras vidas y desplegando un Estado policial y militar generalizado. El problema es el propio modo de vida a que nos empuja la exigencia de crecimiento infinito del valor mercantil para reproducir su existencia, y como correlato, nuestras vidas integradas en aquel movimiento autodestructivo. Ni la digitalización y tele-existencia, ni un capitalismo sustentable, ni la ilusión democrática por una nueva constitución son salidas viables a esta actual enfermedad civilizada. Las catástrofes venideras de la crisis ecológica ya las predicen y calculan los propios científicos con antelación de décadas. Y si bien la pandemia actual o venidera expone y acentúa aún más las contradicciones, más vale desechar todo ensueño fetichista por las catástrofes como antes lo era la “crisis económica” en el sentido de apertura a una posibilidad revolucionaria. Las catástrofes venideras no harán por sí solas que las luchas se radicalicen y que apunten al corazón de la dominación mercantil: el trabajo asalariado, así como a pesar de la previsión de degradación a futuro en nuestras condiciones de vida (a medida que avanza el desarrollo capitalista) y por mucho que esto haga surgir revueltas en diferentes partes del globo, como ha ocurrido desde 2019, la “simultaneidad no es sincronización, la yuxtaposición no es confluencia, ni la unión es sinónimo de superación”, pues mientras el movimiento de la humanidad proletarizada en la lucha contra el capital se limite a reivindicaciones de reformas, y se mantenga la separación de las luchas en relación a los diferentes aspectos y dimensiones de la dominación social (clase/Estado, conflictos en el trabajo, relaciones de género, opresiones raciales, identitarias, destrucción ecológica) vertebrada hoy por la relación social capitalista, el porvenir parece ser predominantemente el de un Estado reforzado de forma creciente en cuanto a control social, político y policial/militar de la “población”, el cual se ampara en nuevas tecnologías. Es en este sentido particular que encontramos la importancia de discutir la cuestión de los contenidos en las luchas actuales contra el orden capitalista existente, para poder autocriticar y afilar nuestra propia práctica de auto-negación proletaria y afirmación comunista.

Virus, el mundo de hoy

 

Hasta los primeros días de 2020, cuando oyó hablar de un “virus”, el occidental pensó primero en su computadora (el asiático estaba sin duda mejor informado). Por supuesto, nadie ignoraba el significado médico de la palabra, pero estos virus se mantenían alejados (Ébola), relativamente silenciosos a pesar de las 3 millones de muertes anuales por SIDA, incluso triviales (la gripe invernal, causa de “sólo” 10.000 muertes en Francia cada año, la mayoría, personas de edad avanzada y que padecen enfermedades crónicas). Y si la enfermedad golpeaba, la medicina hacía milagros. Incluso había abolido el espacio: desde Nueva York, un cirujano operaba a un paciente en Estrasburgo. En aquel entonces, eran más bien las máquinas las que se enfermaban.

 

Hasta los primeros días de 2020.

 

1 / ENFERMEDAD DE CIVILIZACIÓN

 

1.1 / Morimos como hemos vivimos

 

Una enfermedad contagiosa con una velocidad de propagación muy superior a la de la gripe, el covid-19 provoca pocos casos graves, pero su gravedad es extrema, sobre todo en las personas de riesgo (especialmente después de los 65 años), y requiere una hospitalización “intensa” de los pacientes en peligro mortal. De ahí también la necesidad (muy tardíamente realizada en Francia) de hacer exámenes masivos.

 

Las epidemias y pandemias no han esperado a la época contemporánea.

 

En el Imperio Romano, la peste habría cobrado casi 10 millones de víctimas entre 166 y 189. Tras la Primera Guerra Mundial, se atribuyeron entre 20 y 100 millones de muertes a la gripe “española” (que incluye entre 150.000 y 250.000 en Francia). Al mismo tiempo, el tifus, causado por una bacteria, mató a 3 millones de rusos durante la guerra civil. En 1957-1958, la gripe “asiática” originó la muerte de unos 3 a 4 millones de personas en todo el mundo (15.000 a 20.000 en Francia). Se estima que la gripe de “Hong Kong” provocó 1 millón de muertes a través del mundo entre el verano de 1968 y la primavera de 1970, de las cuales 31.000 fueron en Francia. Continue reading «Virus, el mundo de hoy (Gilles Dauvé, septiembre 2020)»

Un largo octubre (Círculo de Comunistas Esotéricos) mi

Difundimos la publicación de lxs compañerxs del Círculo de Comunistas Esotéricos-CCE, «Un largo: notas y apuntes sobre lo que abre y cierra octubre de 2019 en Chile».

«Teniendo esta posición en cuenta, es que presentamos esta interpretación política sobre la revuelta que se inicia el 18 de octubre de 2019 en Santiago de Chile y que se prolonga por todo el territorio hasta el día de hoy bajo la forma de un estallido social, asunto que trataremos de manera profunda en los apartados que siguen. Consideramos que para poder explicarlo, en el sentido de entender cuáles han sido sus formas y contenidos, es necesario tomar una posición que supere la excepcionalidad mediante la cual se ha leído hasta el momento por todos los sectores políticos que se han visto involucrados en el proceso desde esos días salvajes que no volverán, pero que de manera latente aún están ahí. Nadie se baña dos veces en un mismo río, nos dijo alguna vez el viejo Heráclito»

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comunistasesotericos.noblogs.org

 

Movilizaciones reaccionarias y chantaje democrático: estratégias del orden capitalista

Movilizaciones reaccionarias y chantaje democrático: estratégias del orden capitalista

 

Mientras los Presos Políticos Mapuche continúan una huelga de hambre de casi 120 días, exigiendo garantías mínimas en los procesos judiciales en su contra levantados por el Estado chileno, los gremios de camioneros -fieles representantes de los intereses de la patronal y agentes históricos de la derecha política- llevan a cabo movilizaciones que tienen como principal demanda la intensificación de la represión estatal en el Wallmapu.

De esta movilización reaccionaria se pueden comentar varios elementos:
-El cacareado llamado a paro del 27 de agosto contó con muy poco apoyo, no siendo seguido por dos de las tres más grandes agrupaciones gremiales de camioneros (todas dirigidas por la derecha), y ha despertado un amplio repudio en toda la población.

-Se enmarca en una estrategia parainstitucional del gobierno que busca afirmar una base en torno a la derecha más rancia, conservadora y filofascista. Esto se expresa en la tolerancia y protección de las manifestaciones de este tipo, siendo uno de sus hitos más importantes el desalojo de la toma de la Municipalidad de Curacautín (y otras dos más) a manos de turbas racistas, que contaron con la abierta complicidad de las fuerzas policiales y militares, además del visto bueno del Ministro del Interior Víctor Pérez, quien horas antes se reunió con los dirigentes fascistas y anti-Mapuche que convocaron a estos ataques. Continue reading «Movilizaciones reaccionarias y chantaje democrático: estratégias del orden capitalista»

¿Antes que paca, mujer?

¿Antes que paca, mujer?

El femicidio de una paca perpetrado por uno de sus compañeros de fila, abre discusiones en el espacio virtual, al que hemos sido confinadxs como último espacio de socialización. El feminismo ha impulsado un espectro infinito de posibilidades de críticas y se ha extendido de forma transversal en el espacio público gracias al esfuerzo de compañeras, influyendo incluso en los medios de comunicación. Sin embargo, hoy vemos como ese potencial evidencia los límites de sus aportes en tanto análisis parcial de la totalidad.

La muerte de Norma Vásquez Soto es un femicidio, eso es un hecho incuestionable. Ella fue agredida y asesinada por ser mujer, en este sentido, es evidente que no reivindicamos, ni alegra este tipo de prácticas de violación, abuso sexual y asesinato, como tampoco reivindicamos la tortura y la violencia indiscriminada como método de lucha. Tampoco el punitivismo, encarcelar, o cancelar personas soluciona un problema de fondo que está anclado en las destructivas relaciones sociales propias de nuestra época. Todo esto no quiere decir que Norma sea merecedora de respaldo por quienes hemos vivido, en carne propia, lo que implica el monopolio de la violencia por parte del Estado ni tampoco que ser mujer sea sinónimo de inocencia y bondad. Continue reading «¿Antes que paca, mujer?»

Coronavirus, catástrofe capitalista y revuelta [YNHVA N°3]

La pandemia del coronavirus ha contribuido a acentuar la crisis de la sociedad capitalista de nuestros tiempos. Las revueltas sociales brotaban por diferentes partes del globo durante el año pasado, mostrando características nuevas respectos a procesos anteriores de conmoción social. Particularmente, destacaba la duración de estas, como en el caso del movimiento de los ‘chalecos amarillos’ en Francia, que se extendía por más de un año, o el mismo movimiento generado luego del “estallido” en Chile, donde la intensidad del conflicto no decaía con el pasar de los meses y se revestía de elementos revolucionarios.

La magnitud y profundidad de la crisis actual parece estar cerrando todo un ciclo del capitalismo, y las posibilidades que se abren son diversas. Las luchas actuales sin duda marcarán el curso de la historia. De ahí la importancia de comprender coherentemente el presente. El siguiente texto, aparecido en el tercer número de la publicación YA NO HAY VUELTA ATRÁS (otoño 2020), es una clara contribución en ese sentido, buscando alentar la autoclarificación y el debate en la propia clase.

Coronavirus, catástrofe capitalista y revuelta

“Una sociedad cada vez más enferma pero cada vez más poderosa ha recreado en todas partes el mundo concretamente como entorno y decorado de su enfermedad, como planeta enfermo (…) La producción de la no-vida ha seguido con cada vez mayor rapidez su proceso lineal y acumulativo; ahora ha traspasado un último umbral de su progreso y está produciendo directamente la muerte”.
Guy Debord, El planeta enfermo.

I

El momento histórico que atravesamos está marcado por el hecho de experimentar aquí y ahora los efectos destructivos de la relación social capitalista, de su forma específica de producir y reproducir la existencia biológica y cultural humana, subsumida a la necesidad de valorización de capital que se nos presenta hoy como un sucesivo cumulo de escenarios catastróficos.

Asistimos al agotamiento de un modo de vida producido específicamente por la civilización industrial-capitalista, que empieza a desbordar en todas direcciones las evidencias de sus propias contradicciones internas, teniendo toda catástrofe actual la misma raíz social: el dominio de las necesidades mercantiles de la economía por sobre las necesidades humanas. La actual crisis “sanitaria” del Coronavirus es entonces sólo una expresión singular de la totalidad de la catástrofe, que es la perpetuación del modo de vida capitalista.

II

La intrínseca necesidad de expansión y acumulación que tiene el capital, ha llevado a una colonización de los territorios a nivel planetario para integrarlos a sus procesos de valorización interconectados globalmente, no existiendo precedentes de un sistema de dominación de tales proporciones. El planeta Tierra es así concebido como una gran fábrica y autopista de mercancías al mando de la clase capitalista mundial, siendo la presión destructiva que se ejerce sobre el entorno natural y la biosfera, el desequilibrio ecológico que vivimos, una de sus más claros resultados.

Si el fenómeno del COVID-19 se ha tornado global es porque la dominación del capital ha logrado expandirse a todos los rincones del planeta, siendo la interconexión de las cadenas globales de reproducción del valor las que han marcan las pautas de la movilidad del virus. Y justamente dentro de sus causas encontramos la permanente irrupción humana en nuevos ecosistemas de especies animales con las cuales no teníamos contactos anteriormente, traficando aquellas especies para diversos usos y deforestando los bosques nativos para realizar allí actividades industriales como la producción ganadera intensiva, la minería o las extensas plantaciones de monocultivos con todos sus nocivos químicos asociados. La penetración en los espacios “vírgenes” por las necesidades de auto-expansión del capital, ha provocado la destrucción de las barreras naturales de contención de los virus y la transmisión de enfermedades zoonóticas desde otras especies animales hacia lxs humanxs con cada vez mayor frecuencia.

El turismo como venta de paisajes, consumo de “tiempo libre” y circulación humana mercantilizada también ha sido un factor esencial en la propagación del virus, que da cuenta del carácter global de la dominación. Continue reading «Coronavirus, catástrofe capitalista y revuelta [YNHVA N°3]»