La Bonilla en resistencia: Antogasta 21 noviembre PRENSA OPAL

Chile, un país que ayer parecía dormido. Una alargada franja de tierra, que muchos vaticinaban (¡Sic!) nunca iría a despertar, o bien que ocurriría –si así fuera, decían- en unos 40 años, o un par de generaciones futuras. Chile, un pueblo que ha cerrado numerosas bocas, sorprendidas, emocionadas por el despertar a la lucha por su dignidad. ¡Y con cuánta fuerza lo ha hecho!

Esa fuerza es la que tiene el pueblo, junto a su primera línea, en todas las calles de cada ciudad, y es en la contienda donde paraliza y mantiene a raya a la fuerza del régimen, a carabineros y la policía de investigaciones.

En las calles es donde el pueblo ha estado encontrándose todos los días, en ollas comunes, tecitos rebeldes y comunitarios. Allí comparten la conversación necesaria y el análisis pertinente del día a día, de las miles de anécdotas y experiencias. Y es donde se organiza la contienda y las acciones, el incipiente poder popular, en asambleas, reuniones y mítines.

En la lucha diaria es donde se van formando dirigentes combativos/as, conscientes, comprometidos/as. No son doctos ni eruditos personeros/as de las altas academias de las ciencias sociales. Son gente sencilla, muchachos/as humildes, trabajadores/as, padres e hijos esforzados. Son gente que aprende la única fórmula viable hoy: es la lucha de todo un pueblo, que lucha por cambiarlo todo.

A un mes se sigue resistiendo: Antofagasta  PRENSA OPAL

La lucha cumple ya un mes. La lucha ha traído millones de enseñanzas al pueblo. La formación de la conciencia ha crecido exponencialmente, pues es la acción la que va gestando las diversas formas de luchar; la creatividad diaria, el arte sin límite, la clase trabajadora madurando rápidamente, comprendiendo su vital papel en la sociedad.

Los que han dirigido la sociedad, desde “arriba”, hoy se sienten “avanzando” en solitario, buscando salvar el régimen del cual son parte. Es la burguesía, que exige volver a la “vida civil y democrática”, al “diálogo”, a la posibilidad de un nuevo Gran Acuerdo. Pero hacen todo en un plano irreal, hoy abstracto, alejado de la realidad del pueblo. De ahí su repudio y rechazo.

Y el pueblo ha quedado solo, con sus propias fuerzas. ¿Abandonado? Algunos pensarán que sí. Pero no es así, pues ha ido ganando su propia independencia al comprender que ya los que solían dirigir no saben entender sus necesidades. Así es como se ha visto obligado a resolver sus necesidades con sus propias capacidades, ya sin la tutela de la burguesía.

De ahí que el pueblo, las mujeres y hombres luchadores de todos los días, ha madurado rápidamente, aprendiendo un sinnúmero de métodos para enfrentarse a los represores, organizarse con los suyos, y comprender esa vital realidad histórica: que el pueblo lo hace todo, y que tiene el alto deber de cambiarlo todo, porque vivimos tiempos de revoluciones.

El pueblo hace la revolución.

Aguanten lxs cabrxs de la primera linea: Antofagasta 18 noviembre PRENSA OPAL

En la acción es donde se desarrolla la conciencia. Son los actos los que, al final de la jornada, hablan de nuestros principios, de nuestra ideología, de nuestros orígenes, de nuestra formación… son los que dice qué somos.

Somos trabajadores, hijos e hijas del pueblo. Somos los que levantamos todos los días la sociedad, con nuestro sudor, con nuestras fuerzas. Hemos sido marginados, maltratados, malcriados, abandonados por el sistema. Aun así, nos levantamos a cada rato, cada día, por nuestros hijos, nuestros papitos y nuestras mamitas, por nuestro pueblo.

En la primera línea es donde hemos enfrentado a los defensores de éste sistema corrupto. En la primera línea es donde hemos puesto el cuerpo, los brazos, la inteligencia. Allí es donde hemos aprendido que el pueblo está lleno de humanidad, de sacrificio, de amor. Y nosotros somos parte de eso. Somos parte del pueblo que hace la revolución.

El pueblo es la revolución: Antofagasta 12 noviembre  PRENSA OPAL

¿Por qué lucha el pueblo? Sus demandas son simples, pero profundas: educación, salud, vivienda, transporte, justicia, por la felicidad de sus hijos, por la jubilación de sus padres. En definitiva, el pueblo lucha por el futuro.

El presente se desenvuelve en una lucha sin cuartel contra carabineros y contra la testarudez de un presidente ornamental. Piñera dirige un gobierno que ya no existe, en la realidad claro está. En el papel decreta y decreta proyectos de ley y propuestas para apaciguar a la masa que se ha tomado el país, pero la realidad no se mueve un ápice. El día a día se debe planificar al menos tres veces: mañana, medio día y por la tarde. Nadie sabe qué puede pasar. Pero hay algo que se mantiene constante, y es que el pueblo se ha tomado las calles, las plazas, sus poblaciones, en definitiva ha estado tomando el control de sus vidas.

Y cuando ha entendido éste pueblo que es capaz de controlar su vida, de encontrarse con sus vecinos en la protesta, de recibir el cariño de madres, hermanas en un gesto sencillo y profundo como es compartir un plato de comida, recibir agua para la irritación por gas lacrimógeno, es cuando el pueblo comprueba su grandeza y se lanza a la lucha por cambiarlo todo.

Pues es todo lo que quiere resolver. Y ya se hartó de migajas, de mentiras, de ilusiones. La paciencia se agotó. Ya no “pide” que se vayan todos. Ahora está dispuesto a echarlos, al igual que hace con carabineros, con narcos, con los que atentan contra la felicidad de sus niños, y contra el júbilo de sus abuelos. Es un pueblo que se ha organizado, en el combate, en la trinchera, a punta de experiencias históricas. Y ese pueblo, de Arica a Punta Arenas, ha comprendido su tarea histórica: hacer la revolución.

El pueblo es la revolución.
Antofagasta.

Por nuestrxs hermanxs caídos ¡Cada gesto de revuelta será en su nombre!

El Estado, su policía y ejército han mostrado su verdadera cara.
Los orgullosos defensores “del pueblo” y su gloriosa maquinaria de guerra se despliegan sin pudor como lo que siempre han sido: sicópatas, terroristas, asesinos, violadores y torturadores; defensores autómatas de la propiedad de los ricos. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre el rol que han cumplido históricamente estos asesinos a sueldo, hoy la evidencia de su actuar sobre lxs proletarixs nos obliga solo a tomar partido: o se está con un Estado y sistema social criminal, o se está con la humanidad y su emancipación.
¡Nosotrxs no queremos volver a vernos atropellados y humillados! ¡No queremos seguir perdiendo a nuestrxs hermanxs ni queremos nunca más paz con una tropa de asesinos!
¡No nos protegen ni necesitamos que lo hagan!
No queremos reformas ni shows politiqueros para que todo vuelva a ser igual.
Queremos que toda la estructura que protege y sustenta la explotación capitalista se evidencie como la más simple brutalidad armada sostenida con una supuesta legalidad que solo rige para lxs pobres. Ninguna agenda social del Estado ni ninguna nueva constitución pondrá límites a una clase que nunca ha respetado ley alguna más que la de sus propias ganancias.
Por todxs nuestrxs hermanxs caídxs ¡Cada gesto de revuelta será siempre en sus nombres!
¡La emancipación de lxs trabajadorxs será obra de lxs trabajadorxs mismxs!
¡Fin al Estado policial! ¡Abajo la constitución! ¡Revolución social!

La revolución es posible. Vivir sin Capitalismo es posible.

¡¡Hablan y despliegan una guerra, pero esa guerra es contra los pobres!!

Aun así, el cacerolazo, la barricada y la fiesta de la revuelta se imponen sobre su mentira y el más brutal terrorismo de Estado. La solidaridad en la calle, el saqueo comunitario y nuestra comunidad de lucha, que ha copado las calles y enfrentado con éxito el Toque de queda y el Estado de emergencia, demuestran cómo esto supera todo pronóstico y medida y que solo expresa a una clase que ya no acepta su rol de esclavitud salarial, se percata de su propia fuerza y está dispuesta a llegar a las últimas consecuencias.

Nos hemos reconocido en la calle y sabemos que tras esto todo es posible.